Hace tiempo que leo sus libros, y digo leo porque todavía tengo varios en la estantería sin empezar, y te guste o no, creo K . desde luego, lo que no fue, es un cínico. Los cínicos no sirven para este oficio, así reza el título de unos de sus libros; donde habla de su visión del periodismo, de los pros, de los contras, de los usos y de los abusos. Él desde luego que no fue un cínico, ¿que pudo ser un espía del régimen comunista? Hoy ya lo desmienten, pero ayer en un gran número de diarios pudimos ver esta 'acusación' . Puede que lo fuese, pero no creo que ejerciese como tal. El mismo ha contado en varias ocasiones, cómo de la misma noticia tenía que hacer tres versiones, una para él, otra para su agencia (la agencia estatal polaca) y otra para los espías. Sin embargo, y al margen de su calidad como periodista, destaca su calidad como persona, K. nos ha llevado a muchos a ver otros mundos, otras realidades, otras formas de vivir, de pensar y de sentir. Es difícil llegar a conocer la realidad de la que escribes, sí, la conoces, y te documentas, e investigas, pero llegar a mezclarte con ellos, a ser uno más, es difícil.
Él lo consiguió allí donde estuvo, y no fue porque era un gran reportero (que lo era), sino porque era una gran persona. Porque no diferenciaba entre ricos o pobres, negros o blancos, judíos, cristianos o musulmanes.
Y, para mí, esa es la gran lección que nos ha dejado. Sólo tratándonos todos como iguales podremos empezar a entendernos, solo desde la misma distancia podremos tratarnos como personas.