En vísperas de otro fin de semana incierto, afronto la mañana de viernes con las energías renovadas.
Tengo pensado escribir algún día de estos un post de marti. Los que leeís mi blog sabeís quién es, claro, creo que el 99% de la gente que entra aquí se conoce, cómo no, si sois vosotros, mis amigos.
En fin que ayer se volvió a portar como una auténtica campeona. Vino a buscarme al curro (desde que estoy aqui, hace ya casi un año y medio, ha sido la única persona que me ha venido a buscar, con la ilusión que hace...) con pequeño. Aun sabiendo toda la jodienda que tiene liada con el curro, prestó una atención desmesurada a todas las estupideces que la estuve contado de la noche anterior. Y es que marti siempre hace eso, eso que muy poco gente sabe hacer, escuchar. Escuchar con atención, con interés, haciéndote sentir que se preocupa por ti, que realmente le interesa, y eso hoy es algo que se debe valorar mas aun que el atlético gane fuera o que el jefe te suba el sueldo. Hace poco no sé con quien hablé del tema este de la amistad, que para mi, es lo más. Es lo más porque no tiene condiciones, ni trucos, ni falsas expectativas. Tus amigos, los de verdad, claro, te quieren como eres, te dice las cosas a la cara, te dicen lo que quieres oir, y lo que no, no hay que ponerse máscaras, ni hacer ningún papel. Todo es fácil, solo hay que ser quien realmente eres, y con eso basta.
Por si esto fuera poco hizo la cena y la recogió, si es que no se puede pedir más.

A veces se me olvida que solo soy espectador
Mientras hablábamos marti y yo ayer nos dimos cuenta de que muchas veces el alcohol, y otras mi poco comprensible forma de ser, me hace decir y hacer cosas de las que me arrepiento al minuto. Estupideces de las que luego nos reímos hasta morir, pensado cómo coño se te ocurrió hacer/decir eso!!
El miércoles se me olvidó que a mi lo que me gusta es ser espectador; pasar de todo, dejar que piensen lo que quieran, porque saber estar en cada situación es importante, y aunque dejarte llevar tampoco está mal, hay que saber medir tus pasos y tener cuidado de no pisar ningún charco. No sé porqué dije algunas cosas a algunas personas, de verdad, no lo sé; si en realidad al día siguiente ni me acuerdo, me da igual. En fin, después de quitarte el maquillaje no quedan marcas, y sin marcas quién se acuerda. Solo las ojeras de otra noche pasada de vueltas te recuerdan que de vez en cuando a todos nos viene bien no pensar en nada e ir a morir abrazado a alguna barra, cantando canciones de recuerdos y brindando por todos, o por ninguno.
Las maneras de vivir son solo mías