Sin tiempo ni fuerzas, este lunes vuelve a ser como debió ser el domingo, resacoso; pero como cada uno es como es, y yo soy así, pues eso, deseando que lleguen las siete para correr a casa a dormir. No salí anoche, ni falta que hizo. Otro fin de semana marcando, demasiado alcohol, demasiada nicotina y demasiado insomnio.
El viernes fuimos donde siempre, con la gente de siempre, haciendo lo de siempre, Sin embargo, y como casi siempre, debo decir que lo pasamos bien. Muy buena conversación, risas y más risas y mucho alcohol. De nuevo terminé subida en el taburete, todo sea por los viejos tiempo. Y fuimos a la fiesta, y a casa de Iván. Y a eso de las tres del día siguiente fui incapaz de aguantar el ritmo y me dormí. Sin embargo, las horas nebulosas entremedias me han dejado un buen recuerdo, creo que estuvo bastante bien, sí, creo porque para variar no consigo acordarme muy bien.
El sábado Mery se portó tan bien... Después de ver salir el sol y la luna otra vez todavía vino a mi casa a hacer la comida, todavía sigo sola y si no llega a ser por ella (bueno y por Marti que tb hizo la comida el viernes, claro) ahora mismo podría estar escribiendo en pasado. Una ducha y de vuelta a ese sitio que piso más que mi casa. Esta vez, y sin que sirva de precedente, no bebí mucho. Marti vino un rato y queda claro que nadie, nadie, la supera. No puedes vacilar a todo el mundo y que encima les haga gracia, bueno sí, sí que puedes, porque sin duda la que más se ríe siempre soy yo. Pegadas a la barra tuvimos que hacer frente a un conato de altercado con dos... especímenes recién salidos de alguna peli barata. Y sino fuese porque estábamos donde estábamos seguramente a algunas se le hubiese rizado aún más el pelo. En fin...
Luego vino Fany recién llegada del concierto de Pereza. Temblando ante su presencia, finalmente fue Mery la que se unió al club de los sin retorno. Yo me di de baja y decidí que por un día había algo mejor que hacer. Y lo hubo. Otra noche en vela, aunque no contando estrellas. Un buen desayuno (cumplí mi promesa, casi siempre lo hago, no?) y unas cuantas horas de sueño que ya hacía falta. Clásica tarde de domingo: hamburguesas, play y los goonies (mi peli favorita). Una horrorosa noche de domingo. Alguna suerte de vándalos había allanado mi casa y parecía una auténtica pocilga, así que en lugar de meterme directamente en la cama tuve que poner tres lavadoras y dos lavaplatos, colocar un par de armarios y recoger el cuarto de baño. Además, no tenía cena, bueno sí la tuve, macarrones con tomate, lo único que sé hacer. Además fui incapaz de terminar de ver el episodio de Aída, con lo que me gusta.
Reflexiones del fin de semana:
Siempre hay que guardar un lugar de honor para tus amigos, los de verdad, los que se cuentan con los dedos. Porque nunca te fallan, porque siempre acuden, porque nunca se duermen, porque siempre escuchan.
Me puedo seguir subiendo al taburete, y ahora tengo permiso del jefe.
Parece ser que algo en mi camino me he hecho detenerme, parece ser que ya no sale la luna para mi, parece ser que parece y todavía no sé qué es.
Me empeño en seguir siendo un desastre, y espero que sea algo meramente transitorio.
Quiero seguir siendo una Goonie
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