Pues sí, otra vez he perdido el concurso navideño de la oficina. Ya sé que no había premio, y al contrario que a wally (que por supuesto ha vuelto a ganar), a mí sí me hacía mucha ilusión que nuestra felicitación llevase impreso el texto que yo había escrito. Por circunstancias de la vida esta vez era bastante moñas, aunque propio (el año pasado fue una estrofa del gran Andrés Calamaro). En fin, para consolarme siempre me quedará para mi mensajito navideño felicitando las fiestas, o lo que sea. El del año pasado tuvo bastante éxito (o al menos eso creo) y espero volver a repetirlo, aunque en esta ocasión creo que no voy a esperar hasta el mismo día de nochevieja, que luego se colapsan las líneas.
En realidad no me gusta la navidad, de hecho creo que la puedo llegar hasta odiar. Me ponen sumamente triste y melancólica, me acuerdo de la gente que no está, de las costumbres de cuando eras pequeño y todavía creías que las navidades eran una época feliz. Además, eso de tener que poner buena cara a todo el mundo y hacer como si de verdad te importasen ( y tú a ellos) es además de hipócrita, bastante triste.
Reconozco que no soy una persona cariñosa, no mucho. Sin embargo, a la gente que quiero se lo digo con bastante frecuencia, aunque a veces sea en pleno momento de exaltación de la amistad... No se me da bien eso de poner buena cara asi por que sí.
Las navidades pasadas ya fueron horrorosas, así que a ver como vienen estas, aunque se espera más de lo mismo. Cena de empresa: borrachera. Cenas familiares: como cenar con un gran grupo de desconocidos, solo que bien vestidos. Cena de amigas: por confirmar. Cena romántica: eso espero
Total: tres kilos de más, muchas resacas y equilibrio entre el bien y el mal.